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jueves, febrero 03, 2011

poema #2

Un tercio de mi actual vida,
la malgasto en la máquina trepanadora,
otro tercio mal durmiendo,
y el restante
lo trato de llevar
entre la lectura,
el ocio,
la locura
y la música.

En el tercio final del día/noche,
lo degusto entre unos tragos de vodka
y música de noise-rock,
la mayoria del tiempo
trato de caminar,
planchar algunas camisas
y limpiar la mugre acumulada.

Otras veces
me dedico a golpear mi guitarra Jazzmaster,
imitando los sonidos disonantes
de bandas desconocidas.
O escuchar vinilos
de Miles Davis o Charles Mingus.

En fin,
casi tengo cuarenta años,
y no tengo un plan
para alcanzar una "calidad de vida",
solo me dejo llevar
por el momento,
algunas veces tratando
de dominar la ansiedad
y la melancolía.

U otras veces,
gritando contra el viento.

miércoles, enero 19, 2011

Tiempo en espera, o de como salir bajo la lluvia en verano

Mediodía lluvioso en verano, estaba esperando al escritor argentino que venía de paseo. Quería ver el infra-mundo de Montevideo, parece que no tenía suficiente con sus triangulaciones entre Rosario, La Plata y Buenos Aires.

Hace unos meses me habia contactado con él, a través de la red de músicos de free-jazz, al parecer el tipo, era un conocedor de la escena musical local, según las críticas, yo figuraba como referente de la zona más vanguardista y ruidosa del género.

Quedé de buscarlo al puerto de Montevideo a las cuatro de la tarde, por lo que debía de salir de la rutina de escribir líneas de código, para la empresa de telecomunicaciones.

No tenía idea de que quería ver de esta gris metrópolis, en medio de la desolación de la segunda quincena de enero; todos los que no conocía por el trabajo, estaban gastando sus ahorros en el este del territorio, o en los países cercanos. Estos días solo hay oportunidad de entretenerse en algún teatro under o en los bares de barrio; lo demás que era de exclusividad para los turistas.

El día de hoy, no hay tantas tareas pendientes, ya estaba muy adelantado en los cinco proyectos que era miembro, me ocupaba solo de ver caer la lluvia que se reflejaba desde la sucia ventana. Capáz tuviera tiempo para improvisar algunas líneas de escritura en mi estación de trabajo.

A la hora comer fue a buscar una milanesa al pan, me pareció lo suficiente contundente como para darme ganas de tirarme una siesta, pero como es poco serio el ponerse a dormir en un puesto de trabajo, desistí de la idea.

En la bandeja de entrada del correo, solo tenía una petición de reunión de coordinación de tareas, un mal chiste de gallegos, y el nuevo reglamento para el acceso remoto a la red corporativa.

Eran las dos de la tarde, y parecía que no iba a llegar más la hora para escaparme a la ciudad vieja. En el chat, una compañera de trabajo se me insinuó; ya había salido un par de veces con ella, y la cosa no llegó a más que unas caricias y un poco de histeriqueo femenino.

Me llamó mi coordinador, y solicitó una reunión del grupo de trabajo para la tarde del día siguiente, al parecer quería discutir la "estrategia", o la bajada de línea que le habían dado desde la gerencia de tecnología.

Aún no tenía nada importante para hacer, y no se me ocurría nada para matar el tiempo, lo seguro era que tendría que ponerme al día con los temas más burocráticos del trabajo, o reservar una nueva cita con la psiquiatra; la cual me había diagnosticado hace un semestre "angustia y stress", por lo que debía diariamente tomar un coctel de anti-depresivos y ansiolíticos.

Revisé mis contactos web, para ver si mis amigos en el ciberespacio habían actualizado algo o para re-leer algún tema dejado a medias en días pasados.

La compañera de trabajo pasó a mi lado, traía un vestido corto muy ajustado que le quedaba demasiado bien; no quería ilusionarme mucho con el tema ya que me había enterado recientemente que estaba saliendo con un tipo mayor, y dueño de una consultora de informática.

Se me plantó a mi lado, para consultarme si la estaba al día con las nuevas normas de seguridad informática que se habían aprobado en la semana anterior. Cosa que contesté afirmativamente, pero debía aplicarlas siguiendo las órdenes de mi coordinador. En fin, cosas de la burocracia empresarial, te matan la iniciativa al primer intento.

Mientras el resto del grupo estaban ocupados con una maniobra de migración, yo me dediqué a buscar algo acerca del famoso personaje que debía acompañar por un par de días, o cuando me cansara del tipo y lo derivara a un amigo en común que estaba ocupado terminando su tercera novela de ficción, creo que una ucronía en este caso.

La obra del argentino era extensa, a pesar que nos separaban solo tres años de edad, y yo solo me dedicaba a publicar irregularmente en revistas virtuales. El personaje era un licenciado en Filosofía y también doctorado en Física. Lei un par de sus poemas, eran interesantes pero sin ser arriesgados o reales. Vendía bien sus libros, y era coleccionista de items de Kubrick, supongo que era una excentricidad debido a su ascendencia patricia.

Eran las cuatro menos cuarto, hora de salir a buscar al escritor. Había parado la lluvia, y algunos huecos entre el grisaceo degradée del cielo daban señales, que no seguiría de momento la lluvia.

Llegué al puerto, y me enteré que se habían cancelado las salidas de barcos desde Buenos Aires hasta el día siguiente. Que boludo, no había chequeado las noticias del día, que indicaban una alerta de temporal a ambas márgenes del Río de la Plata.

Aproveche mi salida temprana del trabajo, para recorrer el pasillo de los artistas, era al lado del Mercado de Puerto, y consistia en una cuadra entera con talleres de pintores y escultores. Me fijé en una pintura que me hizo acordar a Rothko pero el costo era prohibitivo. Y recordé que esas obras estan vedadas para los montevideanos, y serían presa segura, para algún richachón de Porto Alegre o San Pablo.

Entré a un bar alejado del Mercado para tomar un café con leche, y revisar en mi consola portátil las novedades acerca del conflicto en el Medio Oriente, las lluvias en Australia, y las últimas declaraciones de Alan Turing acerca de la industria informática.

El café no estaba malo, pero había un olor rancio en el bar que daban a la experiencia un toque de novela negra. Había un par de borrachos discutiendo sobre la anexión de Colombia al Mercosur, y de como seguía manteniéndose el bloqueo económico a Cuba.

Creo que sería bueno pasear un poco, antes de tomar la linea A de subterráneo en la Plaza Zabala, y hacer el trayecto hasta mi casa cerca del Palacio Legislativo.

Hoy tenía ganas de tocar el piano, como lo haría el viejo Hank, borracho y usándolo como intrumento de percusión hasta que los dedos me empezaran a sangrar un poco.

Un paseo mínimo

Hace media hora que espero a mis compañeros de trabajo, era un día sábado a mediados de marzo; el plan consistía en vagar el fin de semana, o por el menos perder el día en la zona industrial de la metrópolis.

Estaba un poco dormido, la noche previa me tocó una jornada larga en el centro de cómputos; la transferencia de datos del sistema de Roaming estaba fallando, y tuve doce horas seguidas de discusiones con la operadora telefónica de Brasil.

Hoy me levanté con el llamado de uno de mis compañeros de trabajo, recordándome que eran las ocho de la mañana, y que en media hora estuviera pronto.

Los accesos a la ruta 5 estaban despejados, a no ser por algunos carros de caballos, y los camiones de Ancap que venían desde el norte.

La primera hora nos dedicamos a tomar cerveza dentro del auto, recordando viejas anécdotas del día a día de la oficina; eramos cuatro borrachos en el viejo Gol rojo; llevabamos una carpa, sobres de dormir, papitas y tres botellas de cerveza.

En un momento pasamos por una chacra, creo que la San José (o un nombre similar); y por voto mayoritario, se decidió desviar el camino y entrar el alguna bodega de vinos para "recargar pólvora".

Dio la casualidad que ese día en la Bodega que no recuerdo el nombre, se estaba realizando un paseo guiado. Veiamos dos grupos de turistas, unos brasileros y otros paraguayos; al parecer el tour consistía en degustar los vinos de la casa y degustar un asado criollo.

Por ser el más viejo del cuarteto y no estar tan entonado, me encargué de sobornar a un capataz, haciéndonos pasar como un grupo de catadores que venían a comprar algunas botellas de la reserva de la casa.

A pesar de estar un poco borrachos disfrutamos el paseo por la viña, el ver como se realizaba la vendimia, y su descarga en los silos gigantéscos del depósito central.

Aunque era pasado el mediodía, aún había una brisa casi otoñal que me hizo despabilarme; pude degustar los distintos vinos y quesos que nos ofrecían nuestros huéspedes.

En un momento y como se había corrido el rumor que eramos catadores de vinos, se nos pidió el realizar un análisis de los vinos tintos, creo que era el único de mis amigos capacitado para responder de forma un poco veraz; fruto de varias tardes de charla con un ex-compañero del liceo que trabajaba en una vinería del Centro, el cual me había educado acerca de las bondades del vino.

Aunque no llegó a ser una celebración en nombre del dios Baco, o saliera un fiesta Dionísica , el humor de grupo dio un poco la nota cómica de la velada.

Entre la cata de vinos y el asado me dedique a charlarme a una de las guías turísticas, mis compañeros se concentraron en conquistar a una de las enólogas del lugar. Creo que el más fachero del grupo pudo concertar una cita para próxima semana; en cambio yo solamente había logrado recomendarle un par de libros a la guía turística, y un buen bar para escuchar blues acústico.

La velada amena terminó a las cuatro de la tarde, cuando gastamos entre los cuatro nuestros únicos ahorros en un par de cajas con Cabernet Sauvignon y un par de Tannat(s) de guarda, premiados en la última Feria de Catadores.

Aún teniamos algo de nafta en el auto para volver a la ruta y seguir nuestro camino.

miércoles, diciembre 29, 2010

Plan de contingencia

Me desperté a las 07:30 hs, debía llegar temprano al trabajo y estaba algo atraso de antemano; hoy era la prueba semestral de Disaster Recovery y me tocaba esta vez ser el auditor técnico de mi sector.

En resumidas cuentas el dichoso ejercicio se trataba de levantar y dejar operativo el centro de cómputos en una zona segura y semi-remota en menos de 2 horas, esto se planificaba para los casos de catásfrofe de cualquier tipo (como un incendio, derrumbe, tornados, o una simple explosión).

Estaba algo dormido, producto del coctel de ansiolíticos y anti-depresivos  que estaba tomando desde mi última crisis nerviosa. Me di una ducha rápida tomé un café con leche y tostadas, me vestí un traje azul marino; como siempre prometía peinarme y afeitarme antes de retirarme a trabajar, pero siempre fallaba en cumplir.

Caminé las pocas cuadras que me separaban de mi humilde morada en Gaboto y Asunción, a la estación de Subterraneo del Palacio Legislativo; debía tomar la linea D, que transitaba desde la Plaza del Entrevero, a la Estación Manga; calculaba no más de 35 minutos todo el trayecto, hoy era jueves así que la parada en la estación del Hipódromo/Casino de Maroñas no tendría demasiados jugadores compulsivos, deseosos por perder sus pocos ahorros en los caballos y en la máquinas traga-moneda/escupe-miseria.

Durante el primer tramo hacia la altura de la Plaza del Ejército, tuve que soportar un duo de músicos "callejeros", que interpretaban de mala gana temas de folklore, un par de vendedores de golosinas y un ex-adicto a las drogas que solicitaba colaboraciones para la ONG que lo había ayudado a salir de su infierno.

A la siguiente parada y coincidiendo con estación del Cuartel de Blandengues (que estaba a la altura de la iglesia del cerrito), se subieron dos veteranas que leían tramos de la Biblia y declaraban que el fin de los tiempos habían llegado y que si no abrazabamos la obra del Nazareno, estariamos perdidos.
Cosa que no tomé muy en serio, últimamente me consideraba un ateo perezoso ya que no pertenecía a ningún culto ni tomaba posición militante por el tema. La alharaca duró dos paradas hasta que el inspector sabiamente les pidió que dejaran de gritar el evangelio como dos sicóticas, y que trataran de respetar al resto de los pasajeros; en su mayoría trabajadores de cuello blanco que se iban al Zona Franca de Manga, a jugar que trabajaban ocho horas en unas oficinas/cubículos de última generación, y a lo que más se dedicaban era a perder el tiempo en redes sociales y en los últimos gadgets tecnológicos.

El siguiente círculo de este dantesco viaje, fue la estación del Hipódromo en que se subió un "humorista" que contaba con malísimos chistes con doble sentido, que hacían más que molestar a los pasajeros que hacer más ameno el trayecto. Por suerte estaba con mi copia de A Contraluz de Thomas Pynchon, y me abstraje de tan lamentable espectáculo.

Llegué a destino, me faltaban caminar unas cuadras antes de llegar a la estación satelital de la Telefónica Estatal; lugar que sabiamente habían planificado como sitio de contingencia del centro de cómputos. Me detuve en el automercado de la zona para comprar una coca cola y un par de empanadas, por si me pezcaba el hambre en el correr de la mañana; y caminé distraídamente las siguientes 2 cuadras solo aflojándome la corbata de seda; única señal de mi anterior etapa de yuppie electrónico. Ya llevaba 12 años trabajando en la empresa Telefónica, y desde el primer día iba correctamente vestido ahora iba con los pantalones algo arrugados, y con los bolsillos llenos de porquerías.

Pasé mi tarjeta magnética en la puerta de acceso al complejo Manga eran las 08:45 de la mañana, estaba previsto que entre las 10:00 y la 11:00 hs comenzara el simulacro. Me dediqué a vagar un rato por el eficicio principal de tres pisos muy similar al edificio adjunto a la Torre de Comunicaciones. Había otros dos edificios, uno un almacén subteráneo que era una especie de monolito enterrado 45 grados, y que por dento parecía un hangar retro-futurista por sus dimensiones; el otro edificio era la central de las antenas satelitales que era una especie de rombo futurista invertido, que me hacía acordar al Museo de Arte Contemporáneo de Niterói de Oscar Niemeyer.

En el segundo piso del centro del complejo estaban instaladas cincuenta estaciones de trabajo para los administradores de los servicios más críticos, el resto del piso era un pequeño espacio que era una zona desmilitarizada, no recuerdo si era porque todavía no había la autorización del sector Arquitectura para acomodar otros puestos de trabajo.

El tercer piso estaba en vías de terminación, la idea era acomodar un Call Center entero. En el primer piso estaban la gran sala de servidores y dos salas más pequeñas para los equipos de comunicaciones. Normalmente el edificio era mantenido por 10 personas que estaban alojadas en un mini-bunker en la planta baja cerca de una sala de videoconferencias y un par de salas de capacitación. Los trabajadores era en su mayoría funcionarios veteranos que habían "flipado" en algún momento de su carrera y estaban esperando los últimos años para retirarse, ellos siempre eran muy simpáticos con los visitantes ya que se consideraban que estaban en un campo de descanso del ruido intenso y stress de las centrales Aguada y Pocitos.
Uno de ellos era aficionado a jugar al golf en la zona de estacionamientos en la hora del almuerzo. Me parecía que el virtual aislamiento y los largos años de trabajar con centrales electromecánicas, los tenía algo desnorteados. En fin, gajes del oficio.

Me senté en mi estación de trabajo y comencé a revisar la tareas pendientes y los resumenes de los "brain-stormings" que se generaban luego de las reuniones entre jefes y coordinadores, estos últimos tratando de imponer nuevas mejoras en la calidad de los procesos y la clásica charla de la mejora de la relación con cliente interno y otras cosas más que ya me dejaron de interesar hace tiempo; ya que se perdía más tiempo siguiendo al pie de la letra los procedimientos recortándose la iniciativa y la capacidad de reacción ante escenarios no planeados de problemas.
En conclusión, todo era una galimatías auto-referencias de Ingenieros con demasiado tiempo disponible y pocas ganas de innovar.

El secreto del ejercicio consistia en que se seleccionara aleatoriamente una "situación de catástrofe" de un conjunto de escenarios posibles que previamente habían sido calculados meticulosamente; media hora antes de la hora de la maniobra un comité votaba por mayoria simple cuál problema se iba a reproducir y que procedimiento se debía aplicar. Y en el momento preciso del evento se les avisaba a los distintos coordinadores del tipo de simulacro que debían enfrentar.

A las 10:30 hs me llamaron para indicarme que se había producido una explosión en un generador de emergencia y que el supuesto incendio estaba afectando la continuidad del servicio. En resumidas cuentas se comenzaba el ejercicio.

Me avisan que los servidores de Contingencia están activos desde los primeros 5 min. y que hubo una pérdida mínima del servicio; se reportó un micro-corte del sitio web empresarial cosa no muy graciosa para la gente de Marketing, que según su utópica visión de la tecnología consideran que el no poder acceder a un sitio web es tan crítico, como una mala declaración de algún político en campaña electoral.

A las 11:15 veo a los primero técnicos que llegan algunos en camioneta y otros a través del subte. Se ponen en sus puestos de trabajo y comienzan a monitorear los servicios; hay un par de malentendidos y se corta el servicio a un par de aplicaciones de media importancia para el negocio. Estamos al 60 % de operación, lo importante era que el sistema de facturación siguiera funcionando y que no hubiera un colapso en centrales digitales y de datos. Todavía falta confirmar la operatividad de los servicios internos, que ante este plan tienen segunda prioridad.

En los siguientes 15 min. llega el segundo contingente de técnicos, y luego de una pequeña discusión por los puestos de trabajos se levanta el resto de los servicios. En el medio de la "catástrofe" se nota la disconformidad por el mal funcionamiento de los sistemas de aire acondicionado y que la iluminación es algo tenue comparado a la del centro de computos de Cordón.

Luego de listar un par de detalles menores como la falta de insumos informáticos, como hojas para impresión y toner para las impresoras. El problema más inmediato es que la centralita todavía no permite el llamado a líneas externas y solo podemos comunicarnos con líneas internas.

Se hace una reunión de los auditores para redactar las fallas e imprevistos y se declara que el ejercicio fue exitoso en un 95%.
Son las 12:15 y estamos en línea nuevamente, y solo tengo ganas de rascarme los sobacos.

martes, diciembre 21, 2010

Actividad extra-vehicular

Ya el era el cambio de guardia, es mi turno de reajustar los paneles solares y reparar el casco de protección de la estación sub-orbital; tengo 30 minutos para vestirme el traje, y esperar 45 minutos más para que el cambio de presión surta efecto.
Me traje escondido en mi ordenador de bolsillo, una novela histórica sobre la caída de Roma, tenía que matar el tiempo de alguna forma, aunque me parece más interesante la vista exterior. Hoy me tocan 4 horas de trabajo exhaustivo, sobre la altitud baja de la Tierra, mi concentración debe estar centrada en el módulo Leonov, enviado hace 2 años por una de las vieja Soyuz TMG, que ya estaban por ser retiradas.

No confio mucho en esta vieja estación espacial, ya lleva 25 años en funcionamiento y últimamente ha tenido más fallas técnicas, que la vieja y querida Mir. Solo temo que el brazo mecánico no se quiebre y me libere a una teórica caída libre de 300 Kms de altura; solamente con la fricción de la atmósfera me quemaría al instante, cosa que no me preocupa tanto a no ser los restos milimétrico de los viejos satélites japoneses y chinos exterminados por misiles desde la superficie, que pueden dejar mi traje espacial como un colador.
Es interesante pensar que toda esta basura espacial, es codiciada por los buitres de los consorcios privados, que lanzan semestralmente las "ballenas estelares", grandes monta-cargas (o basureros espaciales) que aspiran los restos orbitales de los cohetes y satélites retirados desde hace varias semanas.

La cúpula de presurización tiene una pequeña escotilla, que me deja ver el extenso desierto nor-africano, y el cercano Medio Oriente, y la mal llamada "Tierra Santa". Me imagino como sería vivir en el desértivo planeta de Arrakis. Y pienso en los posibles enfrentamientos que han visto esas arenas desde los orgines de la humanidad.

Aunque la paga es interesante lo hago más por el retiro anual del centro espacial, el cual me tenía agotado estos últimos años. Y pensar que esta estación es más un punto de embarque de las naves que van y vienen hace el territorio selenita, especie de nueva América; primer parada obligatoria de la humanidad antes de emprender el salto a las estrellas.

Ya pasaron los 45 minutos de presurización, ya debo salir en mi 5ta. actividad extra-vehicular de esta semana.

sábado, diciembre 18, 2010

Taller # 1

Otra tarde saliendo del ruidoso trabajo cruzando mis manos como si estuviera rezando en el colectivo, o solo descansando luego de teclear infinitamente, textos deformes de lenguas nunca habladas por humanos.

Con las manos cruzadas, espero que terminen de subir los siguientes pasajeros, en ese lento trayecto que traza el 370, desde el Centro hasta Portones.

Siento que estoy ansioso por contar a mi terapeuta de las "novedades" de la semana, y mis deseos de dejar la lectura compulsiva, creo van doce libros en este mes.

Hoy me olvide de traer esa nueva novela de autor nacional, que lo venden como la revelación de mi generación; aunque de primera leída me parecía un ejercicio pésimo de auto-superación y esnobismo.

Manos cruzadas, con ganas de tocar una guitarra, recordando esos acordes del blues americano.

Manos cruzadas, ansiando por la piel de alguna mujer perdida por mis ejercicios involuntarios, de terquedad e inmadurez.

- & -



Miro el espejo otra vez, y siento el peso de mi imagen, debo mejorarla; un corte de cabello y una afeitada. Siento que parezco un alma vagabunda, sin méritos, o solo despreocupado por momentos.
Creo ver otra persona en esa mirada cansada y lejana; como si estos 36 años, hubieran sido siglos.
Noto mis canas en la barba, y pienso en que es otra muestra innegable del paso del tiempo; el cual no perdona y no deja olvidar.

No es que me sienta viejo y desgastado, es que los días se hacen largos. Entre la oficina, el paseo vespertino, y las largas horas leyendo a Thomas Pynchon y su Arco Iris de Gravedad.

Espero algún día llegar a tener la paciencia de escribir las memorias de mi familia; larga historia de medias mentiras, absurdos y desencuentros; cosas propias de mentes neuróticas, o gente común con mucho tiempo, para hacerse problemas en un vaso de agua.

Veo ese rostro, y siento que soy el reflejo, o mejor dicho, soy los restos de mis ancestros, generaciones de pruebas y errores, que confundido ser, ante este reflejo nocturno.

poema #1

Sobre un cielo grisaceo
escribo estas líneas
para olvidarme intuyo
para conocerme realmente

solo espero el día
en que vos
amada soledad
me dejes intacto

sin sufrir más bajas
que una inconfundible
necesidad de expresarme
libremente

sin conflictos
solo y sin ambición mayor
que lograr
un cliente atmosférico

en la "música"
que hago al golpear
con alevosía mi guitarra

en el que daño mis dedos
esperando el orgasmo infinito
e indoloro.

jueves, diciembre 16, 2010

Hora de salida

Tengo que ir a buscar el libro
de Mario Levrero,
no porque lo necesite,
sino porque una fuerza interior,
me lo exije.

Liquido mis deudas,
adquiero otras;
este es el ciclo actual
de la vida moderna.
Antes,
solo me preocupaba por leer a Bukowksi,
emborracharme,
y tocar violentamente mi guitarra.

En definitiva,
me gustan los "placeres" inócuos
de la vida post-post-moderna.

Me voy,
esta vida de oficina me oxida,
y me nubla el cerebro.

miércoles, setiembre 12, 2007

Bs.As. - Colonia (11 set 2007)

Pocas horas dormidas en el trayecto Bs.As - Colonia, en parte debido a las corridas de última hora, un combo grande de Burger King, la tormenta, y un grupo de pelotudos que comentaban los programas de TV basura. Salón de turistas clausurado, gente amontonada y un personaje demente que cada vez que pasaba a nuestro lado hacía algún comentario muy colgado.

Llegada a puerto de Colonia, levantar mis bolsos de la cinta transportadoraCon cara de piedra presenté mi guitarra y mi valija en la Aduana; tenía además una cuantiosa cantidad de dinero invertido en instrumentos musicales como una melódica, armónicas, y unos pedales Moog, como debía ser, no había declarado una mierda.

El ponerme a mirar el orto de una mina que estaba más o menos decente, hicieron que me separara del contingente principal; guardar lo bolsos, una mini-discusión por mi guitarra, un golpe certero a mi cabeza de parte de una señora despistada, y la temporal pérdida de mi cámara de fotos, me hicieron perder las pocas ganas de dormir que me quedaban.

Llegada a Tres Cruces, la búsqueda infructuosa de mis amigos, y un rompe-huevos que me quiere convencer de tomar un remise; la tarifa obviamente era un robo. Cola de taxis, mujer con celular sonando, gente discutiendo por sus lugares, algo de frío, y cansancio por 7 horas sin cerrar un ojo.

La mierda, se extraña esta casa del orto, aunque fría y húmeda, es el único refugio que tengo. Recordé que tenía tiempo hasta las 13:00 hs, para descansar, tomar una ducha e ir a trabajar. Obviamente opté por tirarme en la cama a leer algunas huevadas.

Trabajo, el saludo fraterno de algunas camaradas de actividad, y las gastadas por usar un par de expresiones "de porteño", contar un par de anécdotas para romper el hielo y revisar los temas pendientes, por suerte pasó muy rápida y sin inconvenientes la tarde.

Caminar un rato, y recordar que había salido sin cambio, solamente tenía 20 pesos en mi billetera, y un hambre atroz. El encuentro casual con la ex de un amigo, y algunos comentario de la travesía.

Noche, Hank Williams III sonando en el equipo de audio, corto de hablar con mi padre, y recién en este momento tomo conciencia de que se cumplen 34 años del ataque al Palacio de la Moneda en Chile, y el ataque al WTC de hace 6 años.

...

martes, julio 24, 2007

..

Faltan 4 meses para cumplir 33 años.

Otro año, otro ciclo de estupideces y acciones sin sentido.
Otra oportunidad para seguir en la locura, o buscar la cordura.


- & -

Tengo una vecina que es prostituta; ayer me pidió un consejo acerca de relaciones amorosas.
La miré y le comenté que yo no era muy especilista en esa área.
Se rió y me agradeció la sinceridad.

jueves, julio 12, 2007

Cosas que pasan

Hace 8 años, había estado más de 23 horas seguidas frente a un monitor, la repetición hasta el hartazgo de las tareas, el cansancio, la falta de alimentos, tu ex-novia que te llama cada hora para romperte los huevos, los últimos tragos de un café rancio de máquina, y la noticia radial de que un temporal que se avecinaba, me hicieron perder la cordura.

Desistí de trabajar, y salí a comprar cigarros sin mi abrigo, caminé como un ente hasta el kiosko al costado de la plaza, había llevado el cambio justo, pero no tenía un encendedor, no me molesté en regresar por él, no tenía ganas de escuchar al imbécil que estaba a mi lado con sus interminables excusas para su trabajo, o de los comentarios de la tetas de Angelina Jolie, solo deseaba irme a casa ducharme y comer algo.

Estaba oscuro y helado, y apenas se notaba las primeras gotas de la lluvia; dos dementes tacheros puteaban y agredían a cualquier trajeado que salía de la City montevideana. Resultó gracioso, ver a tanto yuppie esquivando escupidas y pedradas. A los minutos recibí un llamado, era mi padre, había nacido mi primer sobrina; le avisé al "Jefe", que volvería en un par de horas, aunque en el fondo, ya había dado por terminada la jornada de esclavismo.

No fue nada espectacular el recorrer a pie todo el trayecto hasta el Hospital Militar. La clásica imágen de las paradas atestadas de personas, los imbéciles conductores y sus maniobras a toda velocidad, las baldosas sueltas, los linyeras escapándole a la lluvia, y el resto de la gente caminando con caras inexpresivas.

- & -

Recuerdo la incomodidad de estar en la parte de Informes, las preguntas de rigor, la ansiedad que se genera por la espera interminable; no veía la hora de retirar la simple tarjeta de visita, y que me dejaran ir a mi destino. Creo que estuve menos de media hora, antes que apareciera el encargado del turno; se refirió a que no tenía permitido el acceso a la Sala de Maternidad, dijo algo acerca de mi lamentable estado, y que el horario de visitas era hasta las 19:00 hs.
Recién en ese momento noté que tenía el traje manchado y con un par de botones dehilachados, una barba desprolijamente afeitada, pelo despeinado, y ojeras de junkie; en rasgos generales parecía un demente recién escapado de un Hospital Psiquiatrico.

Llamaron a mi Padre; al rato lo vi acercarse, se sentía orgulloso, su primogénito le había dado una nieta; note cierto "fastidio" hacia mi. Me dio un sermón frente a la enfermera, algo de las buenas maneras, de mi impuntualidad, de mi egoismo, y otras huevadas más. No me fue fácil calmar la ira de mi progenitor, pero le hice recordar el motivo de mi visita. Recorrimos unos fríos e interminables pasillos, como siempre lo sentía distante al "viejo", no cruzamos palabra en todo el trayecto.

- & -

El ritual familiar de los saludos, la característica soberbia de la familia política de mi hermano, y algún que otro comentario por mi lamentable estado, más las risas complices de los "míos", hicieron que me arrepintiera de haber salido de mi calvario en la oficina; de última no estaba tan mal el café rancio, y los chistes nerds de mis camaradas de tareas.

Lo que mejor recuerdo era la increíble mezcla de fatiga y felicidad de mi hermano mayor, las lágrimas y el tartamudeo de mi madre, y su inexplicable y repentina compasión hacia mi persona (que no tuvo más efecto que hacerme bajar la guardia). No recuerdo haberla visto llorar de felicidad en mucho tiempo, siempre la veía en su clásico papel de "yiddish momme", y sus interminables comentarios sarcásticos.

También el detalle no menor de la puta neumonía que me declararon en Sala de Emergencia, aún no recuerdo como llegué ahí, ni cuanto tiempo estuve. A los pocos días aún sin recobrarme y con los pulmones destrozados concurrí al bautismo de mi sobrina, parece que ese acto del destino me hizo ganar el derecho de ser el padrino de mi primer sobrina.

miércoles, julio 04, 2007

blah blah

Acà ando escribiendo a altas horas, me aburro, no sé si la soledad la inventé el momento en que dejé de creer en mi mismo; o fue solo una forma de escapar de las responsabilidades de la vida.

Tendría que hacer otra cosa además de mirar la puta tele, o contar las gotas que entran por la claraboya rota.

Que esperar de este mundo, ya superé la barrera de los 30 años, y no sé si armar una familia, sentar cabeza, y madurar de una vez; o seguir de putas, drogarme, perderme en el vacío de la noche, y el pensar que soy indestructible para el resto de mis días.

jueves, mayo 10, 2007

Un anónimo personaje

El anónimo personaje, una vez más siente que ha triunfado en su pequeña batalla contra el mundo.
Ignora que se engaña a si mismo, que en su arrogancia, se pierde a si mismo.
Que en su estupidez, no comprende que se ha perdido; vacío e infeliz, solo tiene ojos y oídos, para ofender a sus semejantes.
Cada día que pasa, se siente más glorioso, por sus pequeñas escaramuzas sin valor.
Aunque en el fondo reconoce que todo su esfuerzo no tiene valor; y que día tras día debe aumentar la dosis de veneno (e ironía), para saciar su soledad y podredumbre interna.